La conquista de la fiebre amarilla
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El origen de la fiebre amarilla aún es objeto de controversias. Algunos creen que esta enfermedad apareció en México en el siglo XV, otros, que se describió en el África ya en 1585.
Recordemos que esta enfermedad se ha conocido con no menos de 152 nombres a lo largo de su historia.
Los escritos del Dr. Benjamín Rush y otros autores relativos a la epidemia que azotó Filadelfia en 1793 describen dramáticamente sus terribles efectos.
Otros puertos de EE. UU. también fueron afectados en el siglo XVIII. Ciudades del Caribe, y de la América Central y del Sur, periódicamente sufrían epidemias devastadoras, que también llegaban a las playas de España, Portugal y Francia.
Esta peste era endémica en la Isla de Cuba. Apareció por primera vez en La Habana en 1649, provocando alta letalidad y la muerte de los médicos Estela, Gutiérrez y Sandoval. En 1878, las estadísticas refieren 1,599 defunciones por fiebre amarilla y en los 10 años de guerra por la Independencia de la Isla –entre 1868 y 1879- fallecieron en La Habana 92.231 individuos, de los cuales 11.603 lo fueron por fiebre amarilla.
Este azote contribuyó a la formación de los EE. UU., ya que obligó a Napoleón a ceder la Luisiana después que perdió nueve décimas partes de su fuerza expedicionaria en Santo Domingo, en 1802.
La fiebre amarilla o “vómito negro” como se la llamaba, derrotó mayor número de expediciones, ya fuesen españolas, francesas o inglesas, en el Nuevo Mundo, que las acciones militares. Las cifras de mortalidad eran pavorosas. Todos los esfuerzos hechos en el Continente para desterrar el azote amarillo seguían fracasando. Los sabios más famosos de la época, entre ellos el gran Pasteur, no pudieron arrancar a la fiebre amarilla su terrible secreto. Una de las mayores dificultades encontradas en la lucha contra este mal era la falta de conocimientos respecto a su mecanismo de transmisión.
El Dr. Rush creía que la epidemia de Filadelfia de 1793 se había originado en las emanaciones de un cargamento de café que se pudría en los muelles. En 1797 anotó el hecho de que un paciente desarrolló la enfermedad después de fumar un cigarro, y también que la dirección de los vientos parecía tener alguna influencia sobre el número de víctimas.
El concepto de que los insectos pudiesen participar en la difusión de las enfermedades alcanzó aceptación con muchas resistencias. El Obispo Knud de Dinamarca mencionó esta posibilidad en 1498 en su “De Regimine Pestilentico”.
Ambrosio Paré se refirió a la influencia morbosa de las moscas en los campos de batalla. La primera comunicación científica que estableció que los insectos podían intervenir en la transmisión de algunas enfermedades fue publicado por el Dr. Patrick Manson en 1880, en la que reveló que el mosquito es el huéped intermediario de la filariasis.
En 1894 Manson dio a conocer sus teorías al Mayor Ronald Ross, del ejército británico; dos años más tarde, en la India, Ross determinaba la participación de la hembra de algunos anofeles en el ciclo vital del parásito del paludismo.
Los primeros en sugerir que un insecto pudiese desempeñar un papel en la transmisión de la fiebre amarilla fueron el Dr. J. Crawford, de Baltimore, en 1807; el Dr. J. C. Nott, de Mobile, Alabama, en 1848; y el Dr. L. Beauperthuy, en 1854.
En febrero de 1881 se realiza en Washington la Conferencia Sanitaria Internacional. El Dr. Finlay asiste como delegado por Cuba, y es allí cuando declara oficialmente, por primera vez, que para que se propague la fiebre amarilla son necesarias tres condiciones: la presencia de un enfermo, la de un sujeto apto para contraer la enfermedad y la de un agente transmisor. Concluye que todas las medidas tomadas hasta entonces para detener la fiebre amarilla eran ineficaces, pues se dedicaban a combatir las dos primeras condiciones “en lugar de atacar la tercera para destruir el agente de transmisión o apartarlo de las vías por donde propaga la enfermedad”. “No nombré el mosquito en aquella ocasión –dice Finlay – reservándome hacerlo después que yo hubiera realizado un experimento total que tenía proyectado”.
Pero el mosquito no fue acusado específicamente hasta que el Dr. Finlay leyó su trabajo “El mosquito hipotéticamente considerado como agente transmisor de la Fiebre Amarilla,” ante la Academia Real de la Habana, el 14 de agosto de 1881.
Lamentablemente, por dos décadas nadie prestó atención a sus afirmaciones. El sabio se había adelantado a su tiempo. Y pasaron veinte años difíciles, sin que Finlay, al que se hacía objeto de chanzas y sarcasmos, lograra convencer a los demás de la exactitud de su doctrina. Mientras tanto, el temido “vómito negro” seguía segando vidas por millares.
Carlos Juan Finlay Barrés nació en la ciudad de Puerto Príncipe, hoy denominada Camagüey, el 3 de diciembre de 1833 y falleció en La Habana el 20 de agosto de 1915. Era hijo de un médico escocés y de madre francesa. Inició su educación en su patria y posteriormente se matriculó en la Escuela Médica Jefferson, de Filadelfia, donde se doctoró en 1855. Viajó a Francia a especializarse en Oftalmología. En 1864 comenzó su práctica médica en La Habana. Se hizo experto en epidemiología e hizo contribuciones respecto a la lepra, el beriberi, la filariasis, la triquinosis, la fiebre recurrente, el cólera y la tuberculosis; la cirugía del cáncer, el bocio exoftálmico, los efectos nocivos para la salud del gas de alumbrado, los principios científicos de la electroterapia, la reclusión de los leprosos, los niños recién nacidos...; se ocupa de la filariasis humana, la que comprueba por primera vez en Cuba, de la malaria y los abscesos hepáticos; pero su mayor interés lo constituía la fiebre amarilla. En 1872 publicó el primero de sus numerosos artículos sobre esta enfermedad. En ocasión de disertar en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana en 1876 sobre “La verdad científica, la invención y su correctivo”, decía:
“La ciencia es la encargada de eslabonar las verdades sueltas que la observación le presenta”
Y agregaba:
”Desdeñada por muchos, ensalzada por otros hasta la extravagancia, la idea a priori, no por eso deja de ser una de las partes esenciales del mecanismo del entendimiento”.
Y concluía:
“Hipótesis, teoría, invención: estos son los trajes que la necesidad impone a la verdad antes de ser precepto científico....”.
Desde diciembre de1880, había pensado que los zancudos podían ser el agente involucrado en la enfermedad.
Cierta noche, el Dr. Finlay debió atender a un padre carmelita, gravemente enfermo de fiebre amarilla y debió permanecer a su lado varias horas, de tal manera que al volver a su hogar, estaba muy cansado. Se iba ya a acostar, cuando recordó que no había rezado, cumpliendo con su deber religioso, como buen católico que era.
“Demasiado cansado para arrodillarse, se sentó en su sillón. Era una noche calurosa; respiraba incómodamente; estaba deprimido y con ansiedad por sus enfermos graves y moribundos; y para colmo de males, un mosquito comenzó a rondarle. Este molesto insecto se mantuvo revoloteando y tratando de hundir la proboscis en su frente.
Mientras combatía el calor, su cansancio y el mosquito, al mismo tiempo que trataba de concentrarse en el rezo, repentinamente se le ocurrió un pensamiento: ¿Podrían los mosquitos ser los vectores de la fiebre amarilla?”. (Forster,3).
Emprendió unos experimentos, recurriendo a la especie de zancudo que sus observaciones sobre la epidemiología de la fiebre amarilla le señalaban como la más sospechosa: el llamado Culex mosquito por Robineau-Desvoidy y que ahora conocemos como Aedes aegypti. Primer gran acierto de Finlay, que lo basó en el estudio atento de sus hábitos domésticos.
Con ayuda de un viejo microscopio que adquiriera mientras estudiaba Medicina en Filadelfia, comenzó Finlay por observar el aparato picador del mosquito, encontrando que es un instrumento muy adecuado para transportar el material infectante desde el interior de los vasos sanguíneos hasta el individuo susceptible.
Planteó su hipótesis de trabajo:
“Tres condiciones serán indispensables para que la fiebre amarilla se propague:
1ª. Existencia de un enfermo de fiebre amarilla en cuyos capilares el mosquito pueda clavar sus lancetas e impregnarlas en partículas virulentas, en el período adecuado de la enfermedad.
2ª. Prolongación de la vida del mosquito entre la picada hecha en el enfermo y la que deba reproducir la enfermedad; y
3ª. Coincidencia que sea un sujeto apto para contraer la enfermedad alguno de los que el mismo mosquito vaya a picar después”.
Entre 1878 y 1881, Patrick Manson había demostrado que una filaria, Wuchereria bancrofti, cuyas larvas circulan en la sangre del hombre, tenía como mesonero a varias especies de zancudos.
Finlay se dedicó a cazar ejemplares de Aedes aegypti eligiendo los que no habían picado, uno de los cuales infectó haciéndolo picar a un enfermo de fiebre amarilla que se hallaba en el quinto día de su enfermedad y de la cual murió dos días más tarde. Seleccionó, entre los susceptibles, a los sujetos que servían para la experimentación y que él denominaba “los sanos no aclimatados” a la enfermedad, a uno de los cuales hizo picar –el 30 de junio de 1881- con el mosquito infectado doce días antes.
“Teniendo entonces en cuenta que la incubación de la fiebre amarilla –comprobada en algunos casos especiales- varía de uno a quince días –dice Finlay- seguí observando al sujeto T.B. (el sujeto de la experiencia). El día 9 de julio, empezó a sentirse mal y el 14 entró en el hospital con una fiebre amarilla benigna, pero perfectamente caracterizada”.
Esta fue, evidentemente, la primera transmisión experimental de fiebre amarilla humana, obtenida por picadura de Aedes aegypti.
Él sabía que la fiebre amarilla producía inmunidad de larga duración y que los individuos foráneos, al cabo de algún tiempo, enfermaban de ella. Por eso para sus experiencias, seleccionó 20 personas sanas, cerciorándose que nunca la habían padecido; prefirió soldados o religiosos provenientes de España y que no hubieran tenido la oportunidad de exponerse a contraer la enfermedad. Para confirmar su manera de razonar, se sometió a la picadura del mosquito, con resultados negativos; dos días después, inoculó a otro voluntario, quien a los cinco días presentó un cuadro infeccioso benigno, que fue diagnosticado en el hospital como fiebre amarilla de tipo abortiva. Igual resultado obtuvo con otro mosquito que infectó a otro enfermo de fiebre amarilla en el tercer día de su enfermedad y con el cual, a los doce días, contagió a otro individuo sano susceptible, quien presentó síntomas y signos de la infección cinco días más tarde, caso que también fue diagnosticado como fiebre amarilla abortiva. En el resto de los veinte individuos sanos en observación, que no sometió a la picadura por mosquitos no se observó ningún caso de fiebre amarilla durante todo el tiempo que duró la experimentación; eran los testigos.
En su clásico trabajo ante la Academia dijo:
” Estas pruebas son ciertamente favorables a mi teoría, pero no quiero incurrir en la exageración de considerar ya plenamente probado lo que aún no lo está, por más que sean ya muchas las posibilidades que puedo invocar a mi favor. Comprendo demasiado, que se necesita nada menos que una demostración irrefutable para que sea generalmente aceptada una teoría que discrepa tan esencialmente de las ideas hasta ahora propagadas acerca de la fiebre amarilla”.
Durante 19 años continuó realizando inoculaciones experimentales entre soldados españoles y sacerdotes, pudiendo exhibir como hecho incontrovertible a favor de su hipótesis, los 17 sujetos inmunizados, cuyo estado inmunitario no fue investigado por ninguno de sus críticos. Finlay hizo el propósito de obtener la prevención de la enfermedad mediante inoculaciones benignas, aplicando un concepto similar al de la inmunización antivariólica.
También se ocupó de la derivación profiláctica: para combatir la fiebre amarilla, había que destruir los mosquitos.
En 1898, deseando contribuir con su aporte a la guerra por la independencia de su patria, proclamó en vano, ante una asamblea de oficiales del Ejército de la Marina Norteamericana que, para extirpar la fiebre amarilla, había que eliminar los focos de crianza del mosquito Aedes aegypti. En esa oportunidad, predominó la opinión adversa que sostenía el alto Comando bajo la influencia del cirujano general Dr. G. Stemberg. Las consecuencias de esa actitud negativa fueron nefastas para el ejército norteamericano de ocupación. Doscientos soldado morían diariamente (Hench), no obstante las drásticas medidas de higiene ambiental adoptadas por el Comandante y Jefe del Cuerpo Médico Dr. William C. Gorgas, quien también estaba imbuido del escepticismo dominante en las altas esferas norteamericanas sobre la doctrina de Finlay y, en consecuencia, no quiso tomar ninguna disposición en contra del mosquito Aedes aegypti, señalado por Finlay como agente transmisor de la fiebre amarilla.
Se nombró en Washington una comisión médica presidida por el médico militar y bacteriólogo Mayor Walter Reed. Después de intentos equivocados y perplejos enfrentan una curiosa situación. Un soldado, en una celda de la prisión, cayó enfermo y murió de fiebre amarilla, pero sus compañeros de celda, expuestos a la misma atmósfera y alimentación, permanecieron sanos.
”¿Podría haber entrado algo por entre las barras de la ventana abierta, golpeado a sólo un hombre y huido? ¿Podía la fiebre amarilla ser causada por un agente alado? ¿Podía tener razón el Dr. Carlos Finlay?” (Hench).
Y así, presionados por el Gobernador Militar de la Isla de Cuba, Gral. Leonardo Wood, la Comisión se entrevistó con Finlay en su casa, el cual con toda generosidad, les entregó sus trabajos, nómina de las personas inoculadas y una cubeta con huevos del insecto y con los cuales la Comisión haría las infecciones experimentales.

La Comisión Americana, siguiendo la huella fecunda de Finlay, pudo develar definitivamente el misterio de la transmisión de la fiebre amarilla. El Comandante del Cuerpo Médico del Ejército Americano en la Isla de Cuba, W. C. Gorgas, se decidió finalmente en febrero de 1901 a iniciar la profilaxis de la fiebre amarilla, bajo el lema: “guerra a muerte al mosquito”. Recurrió al petróleo, que hacía arrojar en los focos de crianza domésticos: barriles, tinas, charcos de agua, escusados, floreros y cuanto tiesto podía conservar aguas estancadas por más de una semana. Con estas medidas, en siete meses eliminó para siempre la fiebre amarilla de La Habana, poniendo fin a 250 años del flagelo. Gorgas (quien se había opuesto tercamente durante más de dos años a seguir los consejos de Finlay) exclamaba más tarde:
“No conozco ninguna teoría establecida por un hombre de ciencia que obtuviera tan rápida y brillante sanción y que fuese aplicada con tanto éxito por aquellos que ejercen el poder”.
En forma sucesiva se dio el saneamiento de Panamá, Veracruz, Nueva Orleáns, Río de Janeiro y Guayaquil.
Párrafo especial merece la espectacular construcción del Canal de Panamá, después del fracaso sufrido por Fernando Lesseps, a causa de la inexorable mortandad por fiebre amarilla que allí se producía. El Canal de Panamá sólo pudo construirse cuando W. C. Gorgas efectuó el saneamiento del lugar, aplicando las medidas profilácticas inspiradas en la doctrina de Carlos Finlay.
Esta fue la epopeya de Finlay “el obstinado”.
El 3 de diciembre es el Día del Médico. Esta efeméride fue propuesta en 1953 por la Confederación Panamericana de Dallas, Texas, como Día de la Medicina Americana, eligiéndose la fecha del nacimiento del científico cubano Dr. Carlos Finlay (1853-1915) descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla.
El Gobierno Argentino modificó (por Decreto 11.869 del 3 de julio de 1956) la fecha original de celebración del Día del Médico, trasladándola al 3 de diciembre.
Horacio Fischer y Ricardo Joaquín Sardi

Soy Ricardo Sardi. médico especializado en Psiquiatría recibido en la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina en 1970.
ANTECEDENTES DOCENTES
- Profesor Titular de las Cátedras de Psicología de la Personalidad, Introducción a la Psicología y Seminario de Medicina Psicosomática, de la Facultad de Psicología de la Universidad del Aconcagua, Mendoza de 1973 a 1977.
- Profesor Titular de la Cátedra de Psicopatología General II de la Carrera de Psicología, Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Católica de Cuyo (San Juan), de 1986 a 1989.
- Profesor Titular Efectivo de la Cátedra de Psicología Médica, Facultad de Ciencias Médicas. Universidad Nacional de Cuyo desde 1988 –2005.
- Profesor Titular de la Cátedra de Psicología Odontológica de la Facultad de Odontología Universidad Nacional de Cuyo. 1987-1993.
- Profesor Titular de las Cátedras de Psicología Profunda, Psicología Dinámica y Psicología Humanística y Existencial en la Carrera de Psicología. Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Católica de Cuyo, San Juan, en 1993.
- Profesor Titular Interino de la Cátedra Teoría del Comportamiento. Carrera de Filosofía. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo desde 1996 a 1998.
- Profesor Titular de Psicología en la Licenciatura de Obstetricia. Universidad del Aconcagua. Mendoza, desde 1996 al 2003.
- Profesor Invitado, desde 1984 de las Universidades de Brasilia, Católica de Porto Alegre y Pelotas; y F.E.E.V.A.L.E. de Novo Hamburgo, Brasil.
- Profesor de distintos cursos de Especialización y Post-Grado, en Universidades y Entidades Profesionales afines a la Salud.
ANTECEDENTES ACADÉMICOS
- Miembro de distintos Consejos Académicos en las Universidades del Aconcagua y de Cuyo, desde 1962.
- Decano de la Facultad de Psicología de la Universidad del Aconcagua de 1975 a 1977.
- Director de la Carrera de Medicina. Facultad de Ciencias Médicas
Universidad del Aconcagua 1998-2002. Actualmente, Director de Carreras de Grado.
- Vice-Rector de la Universidad Nacional de Cuyo de 1988 a 1990.
ACTUACIÓN EN SOCIEDADES CIENTÍFICAS
- Miembro Titular. Sociedad Argentina Asesora en Salud Mental, en distintos cargos desde 1970.
- Presidente de la Sociedad Mendocina de Logoterapia, en distintos periodos desde 1982.
- Miembro Fundador de la Sociedad Argentina de Logoterapia..
- Integrante del Board of Advisersdel Instituto de Logoterapia de Berkeley. California.
- Presidente de la Sociedad Argentino Brasilera de Logoterapia, 1983.
- Representante Delegado por la República Argentina ante el Forum del Instituto de Logoterapia de Berkeley. E.E.U.U.
- Representante por la República Argentina ante la Sociedad Latino Americana de Logoterapia.
- Socio Honorario de la Sociedad Brasileira de Logoterapia.
- Socio de Honra de la Sociedad Latinoamericana de Logoterapia.
TRABAJOS ORIGINALES DE INVESTIGACIÓN
- La Medicina: estudio que dura toda la vida?. Reflexiones y propuestas. En colaboración. Editado por la Revista de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo 1986, Volumen IX, N13, Pág. 5, 1987. ISSN 0325-9951.
- Evaluación grupal psicosocial de pacientes con artritis reumatoidea en una Sección de Reumatología. XVIII Congreso Argentino de Reumatología. Montevideo, Uruguay, diciembre de 1974.
- En 1987 con el personal de la Cátedra de Psicología Odontológica una investigación sobre el Perfil del estudiante de Odontología y sobre la relación docente-alumno.
- Análisis de la transformación del rol del médico tradicional en su poder, prestigio y privilegio en su relación con el deterioro de la calidad de la atención en el sistema de salud. Sociedad Mendocina de Ciencias Políticas. Cátedra de Psicología Médica, Fac. de Ciencias Médicas, U.N.Cu.
Financiado por el Consejo de Investigaciones Científicas de Mendoza (CONICMEN) y la Fundación Roemmers. Publicado en los Anales de la Fundación Alberto J. Roemmers, vol. XI, pag. 183, 1998, Bs. As.
SEMINARIOS REALIZADOS
- Seminario de Ciencias de la Conducta. Organizado por la Asociación de Facultades de Medicina de la República Argentina, la Secretaría de Estado de Salud Pública, la Organización Panamericana de la Salud y el Centro Latinoamericano de Administración Médica. Universidad de Buenos Aires.
- Delegado oficial de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo. Buenos Aires, del 9 al 21 de agosto de 1971.
- Tecnología Educativa en Ciencias de la Salud. Organizado por la Secretaría de Educación Médica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo, con el dictado de los Dres. Martín VAZQUEZ VIGO y Jorge GALPERIN, Asesores de la Organización Panamericana de la Salud . Mendoza, 22 al 25 de octubre de 1985.
DISTINCIONES
- El Centro de Logoterapia y Análisis Existencial de la Pontificia Universidad Católica Argentina “Santa María de los Buenos Aires” otorga la distinción de MAESTRO. Buenos Aires, 21 de junio de 2007.